martes, 21 de marzo de 2017

Crónica Ultratrail Sierras del Bandolero 2017 Larga

El viernes 3 marzo de 2017 volvía a ponerme en la salida de esta ultra, este año eran 11 kilómetros más en total 166 kilómetros y  6500m de desnivel positivo acumulado.

Empecemos con el año pasado para ponernos en contexto. El año pasado decidí abandonar en el kilómetro 65 en el avituallamiento de Ronda, bueno lo había decidido 7 kilómetros antes de llegar  a Ronda, ya que ese año mi objetivo principal era correr la 101 con mis amigos y la pierna izquierda me estaba dando problemas desde que salí de Villaluenga. Un dolor que llevaba arrastrando en la rodilla desde hacía varios meses se estaba haciendo muy fuerte y me impedía doblar bien la rodilla, allí en carrera ví muy claro que me podía lesionar si seguía y habiendo llegado una hora antes del corte, tarde porque en mi planificación debía haber llegado dos horas antes, decidí abandonar. Ese abandono después no fui capaz de asumirlo con naturalidad, cada día que pasaba me sentía peor, cuanto más lejos estaba la carrera y más idealizado tenía el dolor de rodilla más sentía que me había rajado. Fue un mes bastante duro mentalmente.

Bueno, volvamos al 2017, este año no había ninguna otra ultra, esta era mi única ultra objetivo y a diferencia del año pasado que había participado en todas, practicamente todas, las ultras de la LRU para poder clasificarme en la 101, este año no había competido en nada. Este año iba fresco, iba con ganas de sufrir y dispuesto a romperme si hacía falta…acabé retirado en el kilómetro 65 de nuevo…

Este año no hubo abandono, fui incapaz de llegar en tiempo al corte de tiempo de Montejaque, al que llegué ya muy tocado de calambres y frío. Ahora explicaré brevemente lo ocurrido allí.

Día 3 de marzo son las 18h y se acaba de dar la salida del UTSB, de nuevo emoción, las previsiones eran de lluvia y quizás algo de nieve, así que iba con camiseta térmica, cortavientos y chubasquero desde la salida ya que a la hora de comer había estado lloviendo y pensaba que llovería en breve. El tramo Prado del Rey al  Bosque es un tramo muy rápido donde no me siento cómodo, voy demasiado abrigado, veo a corredores que habían salido igual que yo pararse a quitarse los chubasqueros y ponérselos en la cintura. Cuando una prueba te supera desde la salida, desde la salida empiezas a tomar malas decisiones, en este  caso decido no quitarme el chubasquero ya que sería parar ahora para quitármelo y luego parar para ponérmelo cuando lloviera. Decido que con abrirme la cremallera basta.

Llego al Bosque incómodo no he ido a mi ritmo y apesto a sudor, me preocupa que ese sudor luego se enfríe. En el avituallamiento del Bosque tomo un vaso de agua y sigo rápido buscando el primer cortafuegos, tras subir el primer cortafuegos viene la parte nueva, no la he entrenado y me han hablado mal de una bajada. El primer cortafuegos lo he subido también fuera de ritmo ya que voy agobiado, empiezo a notarme cansado no creo que lleve ni 14 kilómetros de carrera pero voy molesto con el ritmo. Decido bajar ritmo y seguir a un ritmo más tranquilo, ya ha empezado a llover pero no me importa mucho, mi mayor preocupación es seguir a un grupo que considero lleva un buen ritmo ya que si voy solo puede que baje más aún el ritmo.

En esas estoy, de ir concentrado en no separarme del grupo que llevo delante, cuando empieza una bajada y veo como la mitad del grupo se cae y empieza a deslizarse por el barro, comprendo que hemos llegado a la bajada peligrosa por el Albarracin que todos me decían, esta bajada la hacemos demasiado lento, ni puedo ni quiero adelantar a nadie pero veo que con el miedo a caerse estamos bajando demasiado lentos. Esto me sirve para recuperar, es allí en medio de aquella bajada donde por fin entro en carrera y donde veo que con el miedo a caerse vamos muy mal de ritmo.
Llevaba tiempo lloviendo, aquello era bajar con cuidado poniendo los palos por delante y poco más, tras llegar abajo un llaneo donde me pegué a un grupo que iba algo más rápido aprovechando que por fin estaba con buenas sensaciones, hasta que llegamos a una subida totalmente enfangada y resbaladiza. La cuesta tenía varias pegas: el fango, la lluvia y demasiada gente pegada intentando subir. No me gusta tener a gente pegada con palos en las manos subiendo ya que alguna vez he visto como un corredor al caerse golpeaba con el palo al que llevaba por detrás o por delante. Aquí debió de caerme una minutada importante, ya que era difícil subir tanto por lo impracticable del terreno como por estar rodeado de gente. En esta subida tuve una pequeña caída, en una de las veces que intenté tomar aíre y levantar la cabeza para ver por donde subir se me resbalaron los pies, puse las manos para no darme un golpe en la cara y me llené de fango los guantes, puede parecer una tontería pero a mi no me gusta tocar el los bidones o la comida con los guantes llenos de fango. Al final opté por ir campo a través ya que el camino era imposible y la única forma de poder apoyar el pie y no resbalar era pisando sobre hierba. Por fin salí de aquel boquete y ya era ir a buscar el avituallamiento de Llanos del Campo. Creo que ese boquete fue donde dejé escapar mucho tiempo que luego no fui capaz de recuperar.

En Llanos del Campo ví los primeros abandonos, pero abandonos de varios corredores veteranos en esta ultra que decían que sabiendo lo que nos esperaba tras el boyar mejor se quedaban ya aquí. Estábamos en el kilómetro 26,8 debido a que allí no había control de tiempos no sé a qué hora llegué, que sí, que yo tenía mi reloj pero no tengo ni idea. En este avituallamiento paré poco, rellene un bidón que era el que había bebido, el otro lo llevaba completo sin usar lo que ahora me doy cuenta de que ya barruntaba lo que iba a ocurrir. Ya estaba bastante empapado internamente, no sabía si la camiseta térmica estaba empapada por sudor o que el agua de lluvia estaba atravesando el chubasquero, la cosa es que toda la ropa estaba empapada y empezaba a tener frío. Tocaba ir en busca del siguiente avituallamiento; Puerto del Boyar, que estaba a “solo 6 km” iba al paso más ligero que me permitían mis piernas y por el camino, me adelantó un marchador con un poncho y me pegué a él, miraba el poncho y me preguntaba cómo era posible que a pesar de la de veces que mis amigos, que corrían la corta, dijeron lo del sobrepantalón  al final no lo comprara, el por qué no compré el sobrepantalón y el por qué no llevaba una muda de camiseta térmica para Villaluenga, a pesar de que yo se lo había recordado a mis compis de la corta, es uno de los misterios de como hago yo las cosas, y es que a veces parece que disfruto poniéndome más trabas. Al poco descubrí que el marchador era realmente una marchadora, al parecer la idea de apuntarse a la ultra había sido de su amiga que había abandonado por fiebre en Llanos del Campo. La marchadora marcaba un buen ritmo así que pasé casi todo el camino tras ella, bromeábamos con el pedazo de bocata que nos íbamos a zampar en boyar. Si apretaba la lluvia, había que pasar por un charco enorme, o el fango se tragaba los zapatos, la coletilla era “venga que ya está ahí el bocata”, cuando ya faltaban apenas quinientos metros apreté el paso ya que yo sabía que el avituallamiento estaba al caer. Había un grupo de corredores haciendo tapón en la entrada del avituallamiento, al final pude enterarme que el tema era que se habían acabado los bocadillos y algunos corredores estaban allí quietos molestos. Cuando pude acceder al techado, pregunté que podía tomar y me dijeron que coca cola, me tomé dos vasos, un voluntario había dispuesto sobre una servilleta unas rodajas de fuet, que en mi  opinión eran suyas, y las estaba ofreciendo, le pedí permiso y me comí una rodaja. Creo que no rellené agua porque apenas había bebido, pero la verdad es que ese recuerdo es borroso. Lo que si recuerdo claramente es un sándwich de jamón cocido que estaba tirado sobre un banco de piedra, me acerqué a él, se podía tirar la rodaja de pan que estaba tocando la roca y hacerse un pequeño sándwich con el resto, estaba mordido pero se podía quitar el trozo del bocado. Al final pensé que era una estupidez ya que tenía casi llena la bolsa de frutos secos y dátiles, ya que desde hace bastantes ultras lo que tomo en carrera son frutos secos  y dátiles, llevando también geles pero solo para un caso de emergencia. Ya hacía tiempo que había perdido el control de la ingesta de sales, no sabía cuándo había sido la última.

Empezábamos el tramo Boyar - Villaluenga en el que el año pasado llegué a estar perdido bajo la lluvia y la niebla, este tramo para mí había sido una pérdida de tiempo increíble sobre todo en la bajada a Villaluenga, el año pasado había “perdido” al menos una hora en este tramo y no estaba dispuesto a que eso volviese a suceder. Los primeros metros de subida los hice tranquilos ya que estaba dando buena cuenta de mi bolsa de frutos secos y dátiles. En cuanto me los comí empecé a subir a paso rápido, ojo, paso rápido para el que suelo llevar, ya que lo que peor se me dan son las subidas, pero es que aquí ya estaba realmente preocupado por todo el tiempo que había perdido entre la "pequeña" pájara tras el primer cortafuegos y luego el que perdí en el boquete del Albarracin. Seguía lloviendo, no paró en ningún momento, cuanto más subía más frio y cada vez más empapado y más tiriteras tenía yo. De repente veo nieve a mi alrededor, solo estaba libre de nieve el caminito por el que íbamos y era debido a que por ese caminito discurría un arroyuelo helado, llegó un momento en el que ya no discurría agua porque se había congelado por lo que era nieve a los lados y un sendero de agua congelada. Llegué a alcanzar a algunos marchadores con los que compartía algún tramo, una de las veces ví como la lluvia en vez de caer “hacia abajo” flotaba por lo que llegué a la conclusión de que nos estaba nevando, el viento en ese momento era fuerte. Recuerdo una subida  con fango, tras haber atravesado un río que nos llegaba a los tobillos, que miré hacia arriba y dije en voz alta: “danos un respiro” la intensidad de la lluvia se duplicó en ese mismo momento llegando a ser casi agua nieve, dos corredores que estaban cerca de mí empezaron a reírse – mejor no digas nada más que nos ahogas- dijo uno de ellos, la verdad es que el ambiente era de humor todo el tiempo. Realmente creo que los corredores que me cruzaba eran siempre los mismos, ellos seguramente se me iban en las subidas y yo los pillaba en llaneos y bajadas.

Seguía subiendo y cambiando de compañeros, una vez intenté beber pero no pude sacar el bote de agua ya que se me habían congelado los dedos, con eso no quiero decir que me los tuviesen que amputar, los tenía insensibles y agarrotados, realmente han tardado más de dos semanas en recuperar la sensibilidad, los he tenido acolchados y algunas yemas doloridas. No le dí  importancia, no es que no le diera es que no quería perder tiempo en parar, a no beber agua ni a no tomar sales, no caí en parar lo que hiciese falta hasta conseguir sacar el bote de agua , tampoco tenía sed, estaba ya en un estado de bloqueo mental, por un lado estaba disfrutando; estaba subiendo al Simancon en plena noche, con nieve a mi alrededor y haciendo la carrera que llevaba un año esperando, estaba de subidón, pero por otro lado estaba preocupado, le tenía mucho respeto a este tramo, por no decir miedo, por el tema del tiempo, sabía que aquí si te descuidabas se iba al traste todas la planificación de horas. Así que me daba igual, el agua, las sales, orinar, los dedos congelados y las tiriteras mi idea era clara: palante como los de Alicante.

Cuando llegué a una llano  ya subido el Simancon había un vendaval de viento donde si pasé algo de "miedo" por que se volara la caperuza del chubasquero o de que el viento me tirase. Este tramo hasta que empecé la bajada si lo pasé mal. Esta parte de bajada que venía ahora hasta llegar a la próxima subida, intenté incluso trotar ya que la zona la tenía fresca en la memoria de un entreno cercano.  En la siguiente subida que hay antes de llegar a la bajada de Villaluenga yo ya iba ciego, me comentó un corredor que me seguía que estaba desviado que se veían frontales a nuestra derecha pero me daba igual arriba había una baliza roja y para allí arriba iba yo, me daba igual subir campo a través buscando  esa baliza, tenía tiriteras y lo que me calmaba era moverme rápido, ya me importaba un pimiento si iba por el sendero bueno o el malo, era allí arriba y punto.
Tras esa subida ya fuimos buscando la bajada de Villaluenga, como iba rápido iba alternando compañero de recorrido. Ya tenía la necesidad de encontrar la bajada a Villaluenga ya me empezaba a agobiar el tiempo que estaba tardando. Hay que recordar que todo este tramo desde el Boyar había sido bajo la lluvia y un frío intenso, con zonas de nieve y granizo y en  una zona un vendaval muy peligroso. 

Por fin llegó la bajada, este año no tenía nada que ver con el año pasado ya que el año pasado aquí había una niebla en la que no se veía más allá de tu mano, este año a pesar de la lluvia se podían ver sin problemas las balizas que marcaban la bajada y se tenía más margen de maniobra a la hora de elegir donde pisar. La bajada la hice asegurando siempre con los palos pero sin pausa, intentando ir rápido, iba bien hasta que PUM, me caí de culo y aún no sé como el palo se giró y me golpeó en la cabeza, con la suerte de que la mayor parte del golpe se lo llevó el frontal. Yo lo viví de la siguiente manera: me resbalo, veo el palo acercarse a mí, noto el golpe fuerte en la cabeza y oscuridad. Me quedé sentado y algo aturdido, lo primero que hice fue llevarme la mano a la frente a donde me dolía para ver si tenía un bulto, aunque lo hubiese tenido no lo habría notado ya que no notaba nada con las manos, lo siguiente fue analizar por qué se había vuelto todo oscuro y caí en que el golpe habría roto el frontal. Me quité el frontal y comprobé que simplemente era que del golpe se había abierto el compartimento de las pilas y habían salido volando. Por experiencia de otras ultras siempre llevo otro frontal ya preparado ya que para mí es más fácil cambiar de frontal que cambiar las pilas, así que fue fácil solo tenía que buscar el otro frontal, realmente lo que más me costó fue encenderlo, llegué a plantearme encenderlo con los dientes. Ya una vez todo en orden, me puse a buscar las pilas ya que no quería dejarlas allí tiradas, solo encontré dos dejé una por allí tirada pero es que no podía más, el estar allí quieto buscando me estaba enfriando demasiado y no paraba de tiritar. Continué la bajada, empecé a ir rápido hasta alcanzar a un corredor antes de llegar al pueblo. Una vez en el pueblo fuimos trotando hasta  el avituallamiento.

Una vez en el avituallamiento miré la hora y eran las 6:30h, joder, ¿Cómo podía ser? De nuevo la había cagado  a tomar por culo otro año la carrera. Me encontré con un corredor que me reconoció de otras ultras y que debió de verme la cara de mosqueo porque me dijo que ellos, eran tres, salían ya y que esperaba verme en meta que estaba en tiempo. En cuanto este corredor se fue habló conmigo otro corredor que estaba al lado y me dijo que ya era tontería salir. En mi planificación lo más tarde que podía llegar a Villaluenga era a las 5:30h para tener seis horas y media para llegar a Ronda.

Estaba tan ofuscado con la hora por una cuestión muy simple, a las 12 de la mañana estaba el corte de Ronda, tenía menos de cinco horas y media y 27 kilómetros por delante. Salía casi a 5 kilómetros la hora y eso se me antojaba muy muy difícil sobre todo sabiendo que tenía por delante la subida a la ermita de Montejaque y la subida  a Ronda que el año pasado eché una minutada. Y esa ofuscación por la hora no me dejaba ver lo que realmente me debería de estar preocupando y era que realmente yo ya no estaba en la carrera, es decir, no me daba cuenta de que ya mi mente iba funcionando mucho más lenta de lo normal. Tenía frío, tiritaba, la camiseta térmica, el cortavientos y el chubasquero se habían unificado en una sola capa mojada y a ese frio achacaba esa sensación que tenía tan rara, escuchaba las voces como un poco en off y veía pasar las cosas como a otra velocidad. Como cuando esperaba para pedir un caldo y miraba a la gente coger tres bocadillos para los bolsillos y dos más en las manos, todo pasaba a otra velocidad, me tomé un caldo e intentaba acercarme a la única seta que vi pero había un corro de corredores secando los guantes y era difícil acercarse, luego pedí un café solo, me lo tome de un sorbo y seguía igual de mal y con las mismas tiriteras. 

Si no podía acercarme a la estufa y el caldo y el café no me habían calentando era hora de irse, pedí permiso a la voluntaria para coger dos bocadillos uno para comérmelo y otro para después. El bajonazo mental lo atribuí a la ofuscación de saberme ya fuera del corte y  al frío que tenía, no me dió por preguntarme cuando había dejado de tomar sales o agua, o si era buen momento para sacar un gel. Realmente,  con el café, el caldo y el bocata pensé que iba bien servido hasta el siguiente avituallamiento que estaba a apenas 9 kilómetros. Salí a las siete menos cuarto ya con muy pocas esperanzas de llegar a Ronda en tiempo de corte, pero de lo que no tenía la más mínima duda es de que llegaría a Ronda, lo que serían 73 kilómetros y ya tendría, al menos, el consuelo de haber hecho un poco más que el año pasado ya que el año pasado Ronda era el kilómetro 65. En ese momento el no llegar a Ronda no estaba ni en mis previsiones más pesimistas, llegaría a la hora que fuese pero llegaría.

Seguía lloviendo sin parar e iba solo, no veía a nadie por delante ni nadie más había salido de Villaluenga. El ritmo era de paso rápido y el terreno con barro y agua pero bueno incluso corrible si hubiese tenido fuerzas. Llegué a una nueva subida que yo recordaba más pequeña y empecé a subirla a  un ritmo algo más rápido, había que ir sacando tiempo, fue en esta subida donde me amaneció. Mientras subía miraba a veces para atrás  aprovechando las primeras luces del amanecer para intentar localizar a algún corredor ya que si detrás mía nadie se había animado a salir, es que era evidente que estaba totalmente fuera de la hora de corte. Por fin ví a un grupo de cuatro corredores de azul abajo, justo cuando yo acababa de terminar la subida. Antes de continuar intenté bastantes veces apagar el frontal pero no tenía sensibilidad en las manos para conseguir hacerlo, me era imposible pulsar el puñetero botón.  Ahora empezaban los llanos de Libar, realmente no sé si este es el nombre, era un llano totalmente anegado, era un lago de una cuarta de profundidad por el que había que andar hasta llegar al Refugio. Seguía lloviendo y de verdad que notaba ya las gotas como si me dieran directamente en la piel, debido a que todo era agua tampoco importaba mucho por donde coger a la hora de mojarse los pies, me propuse como reto que no me pillara el grupo que había visto, era el aliciente para subir el ritmo y en esas estaba cuando noté un pinchazo en el cuádriceps izquierdo, me hice un pequeño masaje y lo achaqué a que como las mallas estaban totalmente empapadas, con el frío y el viento que hacía se me habían enfriado los cuádriceps hasta una temperatura “dolorosa”, ni sé que significa lo que acabo de decir pero esa era mi explicación. Cuanto más avanzaba más intensos se hacían las pinchazos que ya también estaban en la pierna derecha, usaba juegos mentales para olvidarme de los pinchazos y seguir a ritmo, entonces me adelantó una pareja a trote que supuse que eran dos del grupo de cuatro que vi antes. Ya estaba cercano el Refugio y cuando yo estaba a unos metros se iba la pareja que me adelantó. Este año la habitación habilitada de avituallamiento era diferente a la del año pasado, nada más entrar busqué la chimenea y metí las manos con los guantes con la idea de secarlos y pegué todo lo que  pude la piernas también, los voluntarios me hablaban pero yo escuchaba “bla, bla, bla” y a lo lejos. Una voluntaria me quitó el frontal y me lo guardó en la mochila. Al final fui poco a poco volviendo a la realidad, y ya me enteré de lo que me hablaban los voluntarios, por un lado me preguntaban si sabía si había alguien más detrás de mí y les dije que creía que dos y por otro lado me estaban diciendo que me olvidara de seguir junto a la chimenea ya que allí no había punto de extracción y tenía que llegar a Montejaque si o si y que si seguía pegado a la chimenea solo iba a conseguir que luego al salir me diese más frio. Pues nada, a seguir, tomé unas rodajas de salchichón y creo que bebí agua. Montejaque estaba a casi 10 kilómetros, cuando estaba dispuesto a salir entró el grupo de cuatro, por lo que los dos que me adelantaron también los habían adelantado a ellos y en total éramos siete los que nos habíamos animado a salir de Villaluenga. Lo primero que me dijo uno de los corredores del equipo es que ya estábamos fuera de la carrera y le pregunté extrañado que por qué estaba tan seguro si apenas pasaban unos minutos de las nueve y había que llegar a Ronda antes de las 12, la respuesta fue un nuevo chasco. Me había equivocado, antes de llegar a Ronda había otro corte en Montejaque a las 10:30 horas, me preguntó el corredor si yo veía factible llegar a Motejaque antes de esa hora y la verdad es que no, porque yo ya como mucho haría 4 kilómetros en una hora.

Salí del refugio y tenía el cuerpo descompuesto, no paraba de tiritar, intenté aligerar el paso para entrar en calor pero los pinchazos en los cuádriceps iban a más y me limitaban bastante la posibilidad no ya de aligerar el paso si no de andar. Seguía lloviendo, seguía habiendo un viento que apretaba por momentos y hacía mucho frío. Mi plan era dar una paso y luego otro y llegar a Montejaque  y ya allí vería la hora, la cosa era poner un pie delante del otro, jugar mentalmente y seguir.  Ya este camino apenas tenía zonas de agua ni zonas enfangadas y era casi todo hacia abajo pero  yo con dar un paso detrás de otro me conformaba, me entró ganas de orinar y fue la primera vez que me planteé cuanto hacía que no bebía, de las sales ya ni me acordé, mientras me quitaba el guante empezó a salirme la orina por lo que me bajé la mallas con pude para no mancharme más de orina, realmente las mallas tenían tal cantidad de agua encima que tampoco se notaba mucho un poco de orina. La orina salía cristalina por lo que muy mal no debía de estar, eso indica que aunque no lo recuerde debí de beber agua suficiente en Villaluenga y en el Refugio.  Seguía andando pero cada vez los dolores iban a más cada vez tenía que parar más veces a masajear los cuádriceps, cada vez iba más lento y cada vez tiritaba más. Me adelantaron primero dos del grupo de cuatro, al parecer eran los dos que iban más enteros y habían decidido ir más rápido para no congelarse de frío. Al tiempo me adelantaron los otros dos, por lo que definitivamente era el marchador que cerraba la prueba y que evidentemente no llegaba al corte de Montejaque, pero ya eso me importaba bastante poco ya mi preocupación era que el ritmo que estaba llevando no era suficiente para entrar en  calor y que las tiriteras iban cada vez a más, tiriteras ya era hasta una forma suave de llamarlas. Habia pasado de "vaya mierda otro año que no consigo salir de Ronda" a "esto se está complicando, pasito a pasito y con buena letra y llega ya a Montejaque que todavia la podemos liar" mezclado con un poco de "¿De verdad no va a parar de llover en ningún momento?". 

Seguía avanzando como podía y haciendo masajes en los cuádriceps bajo la lluvia  cuando noté gente detrás de mí…eran tres de los voluntarios del Refugio que les había dado tiempo de cerrar el Refugio, venir andando con bolsas en la mano para ir quitando las balizas y me habían cogido antes de llegar yo a Montejaque, al ponerse a mi altura les pregunté  cuanto quedaba y me dijeron que unos 3 kilómetros, mentalmente eso era un mazazo apenas había avanzado 7 kilómetros y el tiempo no quería ni calcularlo, era en torno a las 10:30h. Intenté por todos los medios ir al ritmo de estos voluntarios que iban andando recogiendo balizas, cuando uno de ellos se paraba a quitar una baliza yo intentaba andar un poco más rápido para sacar unos metros de ventaja y así no quedarme muy atrás antes de la próxima baliza. A falta de creo que un kilómetro el dolor cambió por completo, hasta ese momento el dolor era como si tuviese clavadas agujas de punto en los cuádriceps pero ahora era como si fuese una sola aguja, pero una que hubiesen metido atravesando el cuádriceps desde la rodilla hasta la ingle de forma longitudinal al cuádriceps, ahora para poder caminar no bastaba con masajear los cuádriceps debía de clavar con fuerza los nudillos desde la ingle hacia la rodilla y tras hacer esos varias veces podía andar unos diez metros, me volvía a parar y volvía a repetir la operación, a todo  esto dos de los voluntarios mirándome, el tercero había seguido hacia el pueblo a trote ya que no estaba tan abrigado como los otros dos y el ir a mi ritmo lo estaba congelando. Aquello era una frustración enorme para mí, estaba fuera de la prueba y estaba molestando a dos voluntarios que lo que querían era llegar rápido al avituallamiento para quitarse ya de la lluvia y el frio.

Por fin llegamos al pueblo y al poco de andar por sus calles vi una escalerita de una casapuerta y ya no me importaba ni los voluntarios, me paré e hice el amago de sentarme, entendí que ya estaba en el pueblo y que ya los voluntarios no verían problema en irse y dejarme allí tranquilo, pero no, se acercaron a mí y me dijeron que si no me importaba me iban a coger cada uno por un lado y me iban a ayudar a seguir, que estaba con una hipotermia y que allí no me podía quedar, realmente yo ya escuchaba blablablá, empezamos a andar rápido, el mover las piernas a ese ritmo me provocó tal dolor que solté un grito sordo (eso de sordo lo digo yo por decir algo), me preguntó el voluntario si paraba y le dije que no, que no parara. Por fin llegamos al avituallamiento de Montejaque, ya el tercer voluntario había avisado que llegaba yo y en la puerta del avituallamiento estaba el conductor de la furgoneta de retirados indicándome donde estaba la furgoneta, por lo que ni entré en el avituallamiento si no directamente a la furgoneta.

Los voluntarios si entraron en el avituallamiento y llegué como pude a la furgoneta, y me subí a ella también como pude.  Mi aventura, que lo fue, hasta conseguir llegar a la casa aún duró bastantes horas, pero lo que es en sí la carrera fue esto. El año que viene volveremos más preparados y a ver si a la tercera va la vencida.



jueves, 16 de marzo de 2017

Reto Ultra Trail Sierras del Bandolero 2017

Desde diciembre no habíamos realizado ninguna prueba en equipo ya que estábamos centrados en la preparación de la Ultra Trail Sierras del Bandolero 2017, de los cuatro que se iban a atrever tres lo harían en la modalidad "corta" de 86kms y uno en la larga de 166 kms.

Ya contaremos nuestras aventuras en la prueba, decir que dos Aborígenes consiguieron finalizar el reto de la ultra corta, quedándose en el camino los otros dos.

Adelantar que ha sido dura, muy dura, por las condiciones atmosféricas siendo esta una de las ediciones más duras que se recuerdan. Como digo ya haremos las crónicas.  Podríamos decir que ha sido un año de camino hasta llegar a ese 3 de marzo de 2017, ahora habrá que extraer toda la información posible de esta experiencia para saber que se ha hecho bien y que se puede mejorar.

Toca ahora descansar del ultratrail. Y ya decidir un nuevo reto.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Crónica IV Trail Las Palomas, Zahara de la Sierra 2016

Si estás buscando información para saber si merece la pena inscribirse en este trail el resumen es SI. Para la información de la carrera hacemos copia y pega de la crónica del 2015 salvo el recorrido que este año ha sido algo más largo.

La carrera

Es una carrera dura y muy exigente, tiene bastantes subidas por senderos en los que solo puede pasar una persona (tapones) y bajadas parecidas. Tiene todo lo que le puedes pedir a una trail: distancia asequible (ojo que este año ha sido al límite eso de distancia asequible) , escenario inmejorable y dureza. Es una trail para repetir, merece la pena el dinero de la inscripción, además la bolsa del corredor llevaba camiseta de manga larga y una braga (en 2016 no ha habido braga),  pero no la recomendaríamos como primer contacto al trail por su exigente desnivel acumulado.

El recorrido
Recorrido circular de casi 25 km y 1600 metros de desnivel acumulado positivo de una belleza impresionante.

Organización
Buena organización este año no hay peros.

Muy bien:
- El balizaje; ha sido muy bueno, de los mejores que hemos visto. Realmente si hubo un punto conflictivo tras el último avituallamiento, aunque  la baliza estaba si faltó un voluntario en el cruce donde varios corredores se desviaron.
- Avituallamientos;todo muy abundante, era perfecto. Al llegar a meta había un guiso buenísimo al que solo le faltaba una cerveza (en 2016 nos daban una lata en la bolsa del corredor).

A mejorar:
- La página web; es necesario que las organizaciones de las carreras se den cuenta de que un corredor popular busca en la página de la organización una interacción rápida y en esta página hay muchos mensajes de corredores sin responder. Otras dos cosas que busca todo popular es que las clasificaciones y las fotos no haya que buscarlas por internet, si no que estén en la web de la carrera y cuanto antes mejor. Esto ya lo vemos en varias Trails, se centran en la página de Facebook y descuidan la página web oficial.

Nuestra carrera
Al igual que el año pasado íbamos cuatro representantes del Aborigen Trailrun Team; Gustavo, Pedro, Jose María y Juan. Salvo Juan que venía fuerte de Jarapalos, el resto teníamos como objetivo entrar dentro del corte.

La mayoría del grupo de trail Aborigen cuando nos planteamos una carrera trail, lo primero que hacemos es mirar el tiempo de corte de la carrera, en este caso eran 4h 20 min que se nos atojaban un tiempo exigente pero factible. La crónica la contaré yo Jose María.

Tras lograr aparcar en Zahara fuímos ya vestidos de "romanos" a por los dorsales, y por primera vez en mi vida, y espero que última, me he colado en la recogida de un dorsal. Llegamos a la plaza, vimos la mesa de los dorsales vacía y al acercarme el hombre me preguntó el número de dorsal, tras decírselo, mi compañero me advirtió que nos acabábamos de colar, entonces miré para atrás y ví la cola y pensé "tierra trágame" así que antes de seguir con la crónica, pedir disculpas.

Tras el bochorno del dorsal, me puse a esperar la salida al final del todo, ya que aunque realmente no tengo ningún problema en salir en esa posición, en esta ocasión lo ví más justificado. Se dió la salida y me puse al ritmo de los últimos ya que no tenía intención de adelantar a nadie. La salida del pueblo es en bajada por un kilómetro, luego un repecho en el que seguía de los últimos y una bajada por carril ancho donde empecé a apretar.


Creo que sería el kilómetro 2 donde ya empezaban las cuestas "de verdad" era una subida de unos tres kilómetros donde los pocos a los que había adelantado en la bajada me iban cogiendo, tras llegar a la primera cima, por el kilómetro 5, empecé de nuevo en la bajada a apretar gracias a que los corredores cuando me escuchaban me dejaban paso, por fin empecé a ver un grupo grande y a uno de mis compañeros, me pegué a él y llegamos al primer avituallamiento, cruzamos una carretera y llegamos a un tapón ya que era la parte que teníamos que andar unos metros sobre una tubería.

 

Tras pasar nosotros por la tubería, ya no podíamos hacer otra cosa que adaptarnos al ritmo del grupo ya que pasábamos por una zona que no estaba para ir adelantando.




Tocaba ir al ritmo del grupo, que tampoco era mal ritmo, aunque me preocupaba que cada vez que veía un cartel con el kilometraje y veía el tiempo en carrera calculaba que íbamos unos 10 minutos por encima del tiempo de corte previsto. Por el kilómetro 13 llegamos a la parte más alta del recorrido, donde tocaba hacer foto ya que los paisajes durante esta subida, realmente durante todo el recorrido, eran preciosos.




La bajada hasta el segundo avituallamiento fue disfrutar como enanos, íbamos Pedro y yo al ritmo de bajada impuesto por una corredora, el ir a la sombra de esta corredora nos hizo la bajada mucho más sencilla y divertida. Ya tras el segundo avituallamiento, viendo que seguíamos fuera del tiempo de corte  y sabiendo que aún nos tocaba  la subida dura, que yo conocía y la había bautizado como "la cuesta de zahorra", más la subida que habían añadido este año, opté por hacer lo que faltaba de bajada y de llaneo hasta llegar a la subida de zahorra solo, a un ritmo algo más rápido, ya que tenía que compensar en bajada el ritmo que sabía que luego llevaría en subida.


Así fue, a mitad de la cuesta de zahorra ya me iban adelantando el grupo con el que había bajado la primera parte y que dejé en el avituallamiento. Las subidas se me dan fatal, veo a la gente andar y yo tengo que ponerme a trotar en la subida para ponerme a ese ritmo de "andar", así que según avanzaba la cuesta el grupo se iba alejando.





Por fin llegamos al final de cuesta de zahorra y cerca del punto donde el año pasado ya era bajar por la carretera, pero este año nos desviaban a la izquierda por un nuevo recorrido que tras una dura subida unía con la primera parte del recorrido, yo diría que el tercer avituallamiento era el primero pero ni lo aseguro porque llegué frito. El tramo desde que nos desviaron en la cuesta de zahorra hasta el avituallamiento, se me hizo eterno y sufrí un dolor en la espalda baja  de esos que te hacen jurar y perjurar que nunca más harás un trail.

Tras llegar el avituallamiento y calcular que quedaban unos 6 kilómetros para meta y que seguía 10 minutos retrasado sobre el corte, me quedé un poco bloqueado ya que a pesar de saber que en algún momento llegaría una bajada, por ahora lo que veía seguía siendo subida. No fue hasta el kilómetro 22 donde ví la oportunidad de correr y tratar de, al menos, alcanzar a mi compañero Pedro que también se me había ido en la subida. Iba trotando a lo que podía sin mirar ya el reloj, con la esperanza de llegar en tiempo, así alcancé primero a Gus, al que no veía desde la salida,  y luego a Pedro que me comentó que ya era imposible entrar en tiempo, que lo mejor era esperar a Gus y entrar los tres a la vez.  Al final 4h 32min, aunque la organización con buen criterio abrió el tiempo de corte.

Mientras estaba sentado en la plaza al resguardo del viento comiéndome el menudo y tomando la lata de cerveza, les decía a mis compañeros que este era mi último trail que lo había pasado fatal en la subida "nueva", ya luego en el coche la conversación era sobre trails...


lunes, 14 de noviembre de 2016

Crónica II Desafío Trail Sierra de Villaluenga


La Carrera

Si te gusta un Trail con una primera parte rápida con zonas técnicas y estupendos paisajes seguidos de una parte final dura donde  tendrás que ayudarte de las manos para poder subir debido a la gran pendiente y con tramos en los que dudarás del estado mental de la persona o personas que han diseñado el recorrido, este es tu trail. Si por el contrario no te gustan los trails muy, pero muy, técnicos o simplemente sufres de vértigo, ni se te ocurra hacer este trail. Es duro, tranquilamente se podrían sacar dos modalidades de él, una modalidad  sería el primer anillo de unos 15 kilómetros  donde se sube al puerto del correo y pasamos por buenas subidas, zonas corribles y preciosas, zonas en bajada muy técnicas, senderos, subidas de asfalto duras…y por fin llegada al pueblo y sería un bonito trail “modalidad corta”, lo que espera a los corredores tras el paso por Villaluenga es una subida dura y técnica, a partir del kilómetro 18 te girarás para hacer dos cosas: hacer varias fotos de la vista, ví águilas volando por debajo de mía, y hacerte preguntas del tipo ¿Qué estoy haciendo aquí?¿De verdad este es el recorrido?

De verdad, si te gustan los trails cortos, técnicos y con paisajes que quitan el hipo, apúntate.

El recorrido





Organización

Buena organización, con buen número de avituallamientos y uno de ellos con frutos secos que hacía tiempo que no veía. Como va siendo habitual el personal voluntario de 10.  Aunque ahora comente algunas cosas a mejorar, es por decir algo ya que todo fue estupendo.

A mejorar
     - Balizas; había banderolas verdes, rojas y naranjas, por favor, para la próxima mejor las rojas o naranjas ya que las verdes había algunas que se confundían con el paisaje, sobre todo en la subida “dura”. Hubo algún punto donde faltó alguna baliza y que había confusión, he llegado a la conclusión de que los que balizan al ser de la zona dan por sentado que en algunos senderos es evidente por donde seguir y eso para el que nunca ha estado allí no es así, en cada cruce debe de haber una baliza ya que para el que no conoce la zona lo mismo puede valer coger por el camino  “evidente” que por el otro y eso se soluciona con una simple baliza en cada posible intersección. La organización no debe de dar por sentado que todo el mundo conoce la zona porque no es así.
      
       - Agua: sé que es muy difícil poner agua arriba,  pero se echó de menos agua en el punto geodésico. Yo corro con bidones y llegar al avituallamiento se me hizo eterno, de hecho le pedí agua a unos senderistas. Quizás el voluntario que estaba en el punto geodésico debería tener una botella de 5 litros como emergencia, no mostrarla ni ofrecerla pero sí tenerla.
       
       - Página web: la página web tanto de este trail como de  Naturaventura Trail Series deja mucho que desear, hoy en día un trail sin una buena web que tenga un contacto fluido y rápido con los corredores pierde mucho. Se deberían de plantear si quizás parte de la poca afluencia de corredores está también provocada por la mala gestión de la página, ya que, aunque tengan una página de Facebook, los que buscan información sobre esta carrera o sobre la liga a la que pertenece llegan a la página web y no a la de Facebook. 

       - Bolsa del corredor: por favor para otro año, poned algo de los embutidos que pusisteis en el avituallamiento de meta en la bolsa del corredor. Esa butifarra o esa morcilla para la bolsa.
 

Nuestra carrera

Del grupo Aborigen Trailrun Team cuatro haremos el Ultra Trail Sierras del Bandolero, tres en la modalidad corta y uno en la larga. Dos de nosotros decidimos hacer este II Trail Desafío Sierra de Villaluenga como parte del entrenamiento para Bandolero.

Al final, por enfermedad, solo uno participó, José María, así que me toca hacer la crónica…

Debido a la cantidad de veces que este año cada vez que he salido a hacer un trail era camino a Ronda, me confundí con el coche e hice un recorrido enorme para llegar a Villaluenga del Rosario, a las 8:40h llegué al pueblo y tras aparcar en el parking me dirigí a recoger el dorsal al lado de la plaza de toros. La entrega fue muy rápida ya que apenas había corredores y me encontré una sorpresa positiva y es que daban la bolsa del corredor al finalizar, a mí eso personalmente me gusta ya que en más de una ocasión me he visto en la obligación de meter la bolsa dentro de la mochila para no tener que volver al coche.
Recogiendo dorsal

Debido a que quedaba tiempo de sobra fui a la cafetería cercana al parking donde me cobraron 1,20€ por un café solo, el café estaba bueno que conste. Evidentemente  para el año que  viene llevaré un termo de café.

Ya en la plaza de toros ví que éramos muy pocos corredores, sobre unos cien, y es que al día siguiente se disputaba una carrera en El Bosque. 
A pesar de mi dedo se aprecia el número de corredores
Grupo de Jerezanos que conocía de un entreno en Sierra San Cristóbal

Se dio la salida y salimos dirección al puerto del correo, creo que era el nombre, al poco de atravesar la carretera venía la primera cuesta mitad asfalto y mitad carril que terminaba en una intersección donde estaban montando un avituallamiento, tirábamos hacia la derecha y comenzaba una bajada donde se iniciaba el verdadero trail, parajes preciosos con zonas con piedra suelta y algo de barro  y así hasta creo que el kilómetro 5 donde comenzaba la subida al puerto del correo. Quiero dejar claro que no me conozco la zona y creo que esto era la subida del puerto al correo, si alguien conoce el nombre exacto que me lo diga y lo corrijo, ya que también me comentaron que era la Sierra de Libar.
Esta foto y las que están a continuación son de la zona de subida al puerto el Correo
En esta crónica repetiré muchas veces la expresión “paisajes preciosos” pero es que lo que te encuentras en este trail, de hecho nos cruzamos con no menos de cien senderistas de todo tipo disfrutando del fin de semana. La subida y bajada  al puerto del correo sería aproximadamente del km 5 al 10 y consistía en una subida dura con paisajes espectaculares, un llaneo con zonas trotables con vacas como espectadoras y una bajada entre alcornocales técnica. Fue en esta bajada donde me doblé un tobillo y durante un minuto dudé  de si ahí había acabado mi aventura, por suerte el dolor fue remitiendo. Luego me encontré con más corredores que también se habían caído en esa bajada. 

A tres metros de hacer esta foto fue donde me torcí el tobillo
 Tras esta bajada técnica volvíamos a un llaneo por un prado donde encontré el avituallamiento de los frutos secos y pensé que ya sería llano hasta el pueblo, error mío.  Se llegaba a una cuestaza de cemento de unos 3 kms que acababa en la intersección donde ahora si estaba el avituallamiento que estaban montando antes, les comenté a los voluntarios, era una pareja y ella llevaba la chaqueta de finisher del Valle del Genal, que tenían un recorrido con algunas zonas muy técnicas y se miraron entre ellos como extrañados, entonces el hombre me dijo que esperara a llegar a la cuesta de después del pueblo que ahí estaba lo técnico y ahí si vería piedras, tras darles las gracias seguí  trotando ahora venía la primera cuesta del recorrido ahora en bajada pero no podía correr mucho ya que desde la caída notaba molestias en la rodilla izquierda, lleva así un año,  y algo más preocupante aún y es que notaba como el comienzo de una ampolla en el pie derecho, eso en teoría era imposible ya que apenas llevaba 14 kilómetros de carrera. Bajé esta cuesta bastante dolorido, atravesé la carretera y el pueblo en dirección a una ermita, allí me esperaba un  avituallamiento solo de agua donde cometí el error de solo rellenar los botellines pero no hidratarme bien, tampoco sabía lo que me esperaba.


Con toda seguridad era el corredor que cerraba la prueba, como siempre,  y para mi alegría por fin empecé a ver a lo lejos a algunos corredores…mi sorpresa era que venían para atrás: “me he dado un golpe con una roca”, “me he doblado el tobillo”…así cuatro corredores, yo acaba de alcanzar a una corredora que me decía “yo no me acordaba de esta cuesta si no no me apunto”, ¿Qué cuesta era esa? Alcancé a un corredor con el que había compartido gran parte del recorrido por el puerto El Correo pero que perdí en la bajada técnica, al verme me dijo que se encontraba un poco mal y que no se veía con ganas de seguir. Él se sentó a coger fuerzas y yo aproveché para sentarme y echar un vistazo al pie derecho, lo que ví era peor de lo que me imaginaba, tenía una ampolla enorme y ya reventada en la planta del pie y otra formándose en el dedo gordo.
Aquí estaba sentado mirándome el pie
La subida tenía la dificultad añadida de tener puntos con piedras sueltas



Me puse el calcetín y me apreté bien el zapato. Le ofrecí un dátil al otro corredor que seguía convencido de abandonar. Lo toqué y tenía el sudor frío  por lo que no me pareció mala idea abandonar ahora que aún estaba cerca del pueblo. Realmente aún no había tenido una perspectiva real de a que me enfrentaba, ya por fin miré hacia arriba e intenté hacerme una idea, localicé unos puntitos a lo lejos y muy arriba que intuí serían corredores…

Un poco más arriba de la mitad estaban los corredores por lo que allí habría que ir
Esta vista era con la única compañía del silencio, el sol dándote en la cara, y unas águilas volando a tu altura
 La subida importante son unos 3 kilómetros donde hay zonas con piedras sueltas donde literalmente resbalas y zonas donde tienes casi que gatear, pero se va subiendo y cada vez que te giras te quedas embelesado con las vistas. La ampolla no me dolía si pisaba de plano pero sí cuando pisaba de lado y por esta subida el pisar con el pie doblado, o que se te doblara al pisar era una constante, cada vez que la pisada se doblaba era como si me clavaran agujas a través de la ampolla. Tardé 38 minutos en hacer un kilómetro, lo repito, 38 minutos para un kilómetro. Por cierto, la corredora que dejé atrás consiguió convencer al otro corredor para que no abandonara e iban subiendo por detrás de mía.

Tras una hora y media aproximada de subida llegué al punto más alto del recorrido, que coincidía con un punto geodésico y en el que había un voluntario esperando para hacernos una foto.
Por fin se terminaba la zona técnica de la subida aún quedaba pero ya era otra cosa
Ya solo quedaba la parte fácil de la subida arriba estaba el punto geodésico

Este tipo de terreno complicó mucho la subida
Tras este punto geodésico había una fuerte bajada, si la bajada era corrible o no, soy incapaz de decirlo ya que suficiente  tenía con el dolor de rodilla, el dolor de la ampolla y la sed que empezaba a notar. Llegamos a un prado corrible en el que troté lo que pude hasta que me crucé con unos senderistas a los que pedí agua, dar las gracias a estos dos senderistas porque yo iba bastante mal, rellené medio bidón y me querían dar más pero me daba apuro, luego me arrepentí porque me bebí el medio bidón de un trago. Al terminar el prado había una pequeña subida y por fin encontré el siguiente avituallamiento, donde además de rellenar bidones me hidraté todo lo que pude. Me dijo el voluntario que estaba allí que faltaban unos 2 kilómetros. Debido a que  comenzaba una bajada que aunque seguía siendo técnica era algo corrible intenté trotar pero cada traspiés o cada mal apoyo era un dolor en la ampolla. En esta última bajada, que creo que es por donde se sube en el trail nocturno que nosotros hicimos en 2015,  me dio tiempo a pensar en muchas cosas, entre ellas en ceder el dorsal de Bandolero, estaba en terreno bandolero y lo estaba pasando mal, ¿Y si en bandolero tenía una ampolla como la de ahora?¿De verdad iba a enfrentar a mi cuerpo a esa burrada?  En esas estaba buscando distraerme para intentar bloquear el dolor cuando llegué al final de la bajada, a una pista de zahorra que conocía del trail nocturno, sabía que ya estaba hecho me puse en modo ultrero  en busca de la plaza de toros, llegada en 5h 30min. Hacer 5h30min no estaba ni en mis peores planteamientos, de hecho mi mujer me llamó para preguntarme por donde iba ya que  le dije que tardaría unas 4h. Me tomé una cerveza con tapitas y para casa, las tapitas eran de embutidos que estaban de 10 y en abundancia. No puedo opinar de las duchas ya que no hice uso de ellas ya que tuve que salir volando para casa.
He sufrido mucho en esta carrera, las carreras te ponen en su lugar y esta carrera debido a que era “corta” fui a ella sin prepararla lo más mínimo, no había mirado bien, ni mal, el perfil y la ropa la preparé sin especial cuidado, eligiendo unos calcetines  que no eran los adecuados y que me provocaron la ampolla, ampolla que me tendrá unos días parado y bastante dolorido. Fui a esta carrera pensando que iba a un trail corto, y me he encontrado una señora prueba a la que hay que hablarle de usted. Moraleja: cuidado con no prestar atención a la hora de inscribirse a una prueba porque luego esa carrera te puede poner en tu sitio.
No sé si decir que repetiría esta carrera ya que es bonita, muy bonita, pero es demasiado dura y la tengo demasiado en caliente. (Seguramente el año que viene me apunte y luego raje en la cuesta).

Siempre hago las crónicas pensando en que al año siguiente las leerá alguien buscando información sobre la prueba y su organización, y para los que en 2017 estéis en esa situación leyendo esto deciros que por tema organización, avituallamientos, voluntarios...no tendréis ninguna queja pero que si vuestra experiencia en trails es nula y estáis buscando una carrera para iniciaros las hay menos duras. Si os animáis os aseguro que además de sufrir vais a disfrutar y mucho de los paisajes y guardareis como oro en paño la medalla finisher, era la misma del trail nocturno Virgen de las Piedras pero es muy bonita.